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Ayer salió Obduction para PS4, lo que me ha permitido poder jugar el dichoso juego sin sacrificar la tarjeta gráfica de mi ordenador a algún dios olvidado. Y como yo soy lo friki que soy, he decidido que iré contando mis aventuras y desventuras en el juego como si se tratara de una especie de historia. Si no os gustan los spoilers, lo mejor será que os mantengáis lejos. Advertidos quedáis.

Estaba pasando mis últimos días de vacaciones de visita en un bosque. Todo iba bien hasta que me ocurrió una cosa.

Chorradas aparte, lo cierto y verdad es que estaba en un bosque, de noche, cuando vi una luz a lo lejos una estela que se acercaba a mí desde la lejanía. Quedarse allí no era buena idea, ya que a pesar de que el cielo estaba en parte despejado, en el horizonte se veían los rayos de una terrible tormenta eléctrica… Pero me vi impulsada a buscar esa estela, esa luz. Era una sensación extraña, y me encontré trepando sendero arriba, hasta que me encontré con la causa de la luz: una especie de extraña semilla voladora de un tamaño que no podía ser normal, y que comenzó a abrirse y a inundarlo todo de luz a mi alrededor. Y para cuando me quise dar cuenta, ya no estaba en el bosque, ni era de noche.

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Definitivamente, no estamos en Kansas, Toto.

Tras el ataque de pánico inicial, y viendo que no me quedaba otra, decidí avanzar por el único camino que tenía delante (porque por detrás solo había una bonita pared de roca rojiza. Según salía del fondo del cañón, pude ver que el paisaje más alejado no era… bueno, terrestre. A menos, claro está, que las piedras estuvieran hechas de corchopan, pero no parecía ser el caso. Al cabo de unos metros me encontré con un poste con un botón y una pancartita en la que se leía “Bienvenido a Hunrath”. Y detrás del botón había un aparato que parecía salido de una peli de ciencia ficción de las caras. Dudé durante bastante tiempo si era recomendable hacer algo con respecto a aquellas cosas, pero finalmente me decidí a pulsarlo.

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Afortunadamente, lo único que pasó es que del cacharro futurista salió una especie de holograma de un tío que saludaba en nosecuantos idiomas, algunos más raros que otros.

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Al menos puedo reconocer el D’ni cuando lo oigo 😛

El susodicho tipo dijo llamarse Josef y ser el alcalde de Hunrath. Al parecer, lo de gente apareciendo de la nada es una ocurrencia normal aquí. El tipo me dio instrucciones para que siguiera el camino y me dirigiera a la casa con la valla de madera blanca que había más adelante para que me contaran de qué iba toda esta mierda. Con una nueva meta en mente, seguí adelante. Claro que como soy un tanto urraca, no pude evitar fijarme en que había algo que brillaba en el cielo, a un lado del camino.

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Es un tanto cantoso, seamos sinceros.

Me acerqué a echar un ojo, y vi edificios que recordaban a las películas del oeste, pero no parecía que no hubiera ni un alma en la zona, así que volví sobre mis pasos y me dirigí hacian donde había dicho el tipo este. Pero al llegar a la susodicha casa, no había ni un alma, y la puerta estaba cerrada. Había uno de esos aparatos holográficos, así que vi si había un mensaje. Al principio salía una mujer, todo normal, pero de repente la grabación hizo algo extraño, y la misma mujer salió cambiando de tema de repente. Aunque más bien era que había grabado encima del mensaje original o eso parecía. Habló de un conflicto, y de que aquel sitio era peligroso, y que tuviera cuidado. El caso es que estaba tal y como empecé, más perdida que un burro en un garaje.

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La casa de marras

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Sé que mirar el correo de otras personas está mal, pero…

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Gracias por el aviso, Farley *facepalm*

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Se hará lo que se pueda, jefa, pero no garantizo nada

Como no había otra, fui a investigar el pueblo. Había varias entradas a minas, pero la inmensa mayoría estaban cerradas con unas miedras la mar de raras. En cuanto al pueblo… La inmensa mayoría de la gente había cerrado las casas con tablones, y los que no lo habían hecho solo tenían un puñado de documentos que ni siquiera sabía si me valdrían para algo.

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Las piedras raras de las napias

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Pues sinceramente, jefe, no he visto ni un alma.

Pero, según me acercaba al final del pueblo, parecía que iba a encontrar algo que valiera la pena. En concreto, era un edificio al lado de una cascada, que daba la casualidad de que era de donde salía el rayo rojo. Además de ese rayo, salía otro de color azul que hacía unos efectos super raros. Por fortuna, no era dañino, porque si no, habría tenido más de un problema y más de dos para entrar en aquel sitio. La puerta principal estaba cerrada, y la única apertura que había daba solo al final de unos raíles. Sabía que había una escalera, pero estaba detrás de la puerta cerrada, así que mi gozo en un pozo, al menos en lo que concernía a ese sitio.

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Los dos rayos. Luego resulta que todo tenía una explicación.

Había una especie de choza/cabaña al lado, y al acercarme vi una puerta similar a una que verías en un submarino o algo del estilo. Pegado a la puerta había un botón, y como más allá de estar ahí sujeto de una forma un tanto chapucera, no parecía demasiado arriesgado, pulsé. El botón resultó ser un timbre, y en la puerta se abrió una especie de ventana y apareció, ¡oh milagro!, la primera persona viva que había visto en aquel sitio.

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Tío, me resultas familiar. Y no en el buen sentido.

El tipo resultó ser el tal C.W. de la carta, de nombre Cecil, Ceci pa los amigos. No pude entender demasiado de lo que me dijo, más allá de que el pueblo estaba todo más chapao que la Castellana en domingo, y que necesitaba que pusiera en marcha de nuevo la electricidad. No es que quisiera fiarme de él, la verdad es que no me hacía mucho tilín tratar con un tipo que solo me hablaba desde un ventanuco, pero como no había otra cosa que hacer, intenté ver cómo recuperar la energía.

Al otro lado del río había una compuerta, así que supuse que estaban usando un generador con agua, y que lo que tenía que hacer era averiguar cómo ponerlo en marcha. El caso es que avanzando hacia la cascada encontré un ascensor que me llevó arriba, hasta una palanca. Al accionarla, se abrió una presilla que había allí y el flujo del agua cambió, y parecía que se dirigía hacia el lugar que había visto. Tras darme de palmaditas en la espalda por mi astucia, bajé de vuelta al suelo.

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Palmaditas en la espalda os digo.

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Vistas desde donde la palanca. Abajo se ve la compuerta que he mencionado.

Al acercarme a la compuerta que había visto antes, vi que podía moverla para abrir o cerrar un lado. También había una palanca por allí cerca. Trasteando con eso, logré que la compuerta se abriera, y así poder acceder a una nueva zona. Seguí el río durante un rato, y me encontré con una zona la mar de extraña. Lo primero que me recibió fue una especie de roca gigante con forma de huevo dado la vuelta, y que era obvio que no habían hecho ninguno de los de ese pueblo.

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La bola de piedra extraña.

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Esto estaba tallado en la bola de piedra.

Después de eso, había una gasolinera y una estación de trenes (que resultó ser solo la fachada) con varias vías, unos pocos vagones y una locomotora de fueloil. Había también una especie de transformador eléctrico gigante en el agua del río, pero no parecía funcionar. Tras investigar un poco, descubrí que la locomotora no tenía fuel (porque alguien se había dejado la manija abierta para deshacerse del mismo), así que la cerré, descubrí cómo llenarla desde la gasolinera, y tras trastear un poco logré encenderla. ¡Y hale, ya hay electricidad pa’ to’s!

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La válvula esta también me resultaba sumamente familiar…

Antes de volver, decidí echar un ojo a lo que había detrás de la fachada de la estación de trenes. Descubrí otra especie de cueva, pero esta no estaba sellada por rocas, sino por una puerta con código. No sabía cómo abrirla, y me iba a tirar varias horas intentando descubrirlo si lo hacia a lo bestia porque era un código de cuatro cifras, así que lo dejé estar y volví para avisarle a Ceci de que ya había energía.

Dejadme deciros que Ceci, además de explicarse como un libro cerrado, es un borde de cuidado.

El caso es que me dijo que ahora necesitaba destruir el rayo rojo que había visto antes. Al parecer, se encargaba de mantener la cúpula que protegía Hunrath cerrada. No se explicó demasiado bien, y al principio yo no las tenía todas conmigo, porque temía que eso dejara el pueblo expuesto a una atmósfera venenosa y qué sé yo… Así que simplemente asentí y fui a investigar las cosas que parecían haberse abierto para mí. En concreto, el edificio del rayo, ahora que la puerta de garaje se podía abrir gracias a la energía. Dentro encontré un ascensor que bajaba el rayo azul (que estaba montado en una especie de carricoche-montacargas-vagoneta) a las vías, y también un montón de documentos. Sobre los proyectores, que eran prácticamente lo mismo que el cacharro del rayo rojo, sobre algo llamado “semillas de embajador”, y un papelajo escrito por el alcalde diciendo algo sobre cambiar un código. Decía que era la dirección de Farley (la mujer de la casa con la valla blanca) al revés. Recordé entonces la puerta con código que había visto antes y me dije que no estaría mal probar.

Antes de eso, sin embargo, bajé el rayo azul (siempre tenía tiempo de devolverlo a su sitio, pero no parecía que Ceci me hubiera mentido… de momento), y acabé de investigar. Encontré una grabación de Farley, al parecer se llama Caroline, y escuché la voz de Ceci en la misma. Al parecer, Farley no las tenía todas consigo con respecto a las grabaciones. Era curioso porque Ceci no parecía ni la mitad de borde con ella que conmigo. ¿El roce hace el cariño, supongo? También encontré lo que parecía una especie de generador secundario o algo similar, que tenía un cable desconectado. Como había zonas que estaban pendientes de la electricidad, pensé que a lo mejor podía ser útil así que lo dejé conectado.

Había en ese piso una salida por unas especies de vías. No avanzaban mucho, pero llevaban a un depósito de agua, del que salía una manguera que llegaba a un árbol enorme protegido por un muro de piedra que había visto en mi paseo por el pueblo. En el holograma del alcalde, este decía que la vida del Hunrath dependía de la salud del árbol. La verdad, el pobrecito tenía pinta de mustio, y parecía que la manguera estaba cerrada, así que decidí abrir el paso del agua. No cambió nada, pero suponía que ese tipo de cambios eran lentos, así que, visto que no había nada más que hacer allí, me fui a la puerta del código de las narices.

El código resultó ser correcto, y resultó que la puerta era en realidad una entrada trasera para entrar en la casa de Farley… bueno, llamarlo casa era generoso, en realidad la fachada y unos dos o tres metros de profundidad antes de dar paso a la pared de piedra. Descubrí entonces que la puerta de la fachada de la casa había estado cerrada con un pestillo, que solo tuve que desbloquear para abrir la casa. Dentro encontré un montón de cosas interesantes. Primero, una carta que hablaba de cómo un pueblo minero de Arizona había sido llevado, enterito, hasta allí. Luego, estaba el libro de visitantes, que me dejó atónita. Había gente de 1942, de 2017, ¡y uno que había venido del 2042! Estaba tan alucinada que no sabía qué decir

Para acabar de redondear la labor, había unos documentos sobre las semillas, hablando de los supuestos tres tipos que había y la forma en que actuaban… y un cuaderno sobre razas alienígenas. Hay tres: los mofang, los arai y los villein. Los primeros son tus típicos hombres grises, los segundos son una especie de insectos con algo de mente colmena (fantástico), y los villein son… ¿algo así como Killer Croc? Bueno, el dibujo se parecía más a un comepiedras, pero dicen que son reptilianos. Volviendo a lo nuestro, también encontré un proyector con un mapa, una pizarra con una pantalla de proyector con una especie de código extraño (que se convinaba con el proyector en una imagen un tanto rara) y una casette. En la casette, Farley había hablado de un tal Chavar que tenía que volver pero que no había vuelto, y sobre un conflicto. Era confuso, y en cierto punto paró la grabación para, al parecer, cambiar el mensaje que yo había visto antes.

La cara B de la cinta era una especie de discurso sobre cómo lo único que la gente tenía allí eran sus historias, y había grabaciones de distintas personas hablando de su abducción. Me pareció escuchar a Ceci, de hecho, entre un montón más de voces. Toda esta gente venía de años dispares, ¿en qué año estaríamos siquiera? Y aquellas semillas como la que yo había visto parecían aparecer antes de que la persona fuera a morir por algo, ¿quería eso decir que yo también hubiera muerto de no ser por la semilla? Ni siquiera sabía cual era el sistema de calendario que usaban aquí. Hablaban del 16.000 d.H., pero esa era una cifra tan ridícula que no sabía cómo tomármela. Decidí que aquello me daba dolor de cabeza y me fui.

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Esto estaba delante de la casa de Caroline

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No me fijé en ellas hasta que salí de la segunda visita.

Me fui a por la vagoneta con el rayo azul. Después de pegarme un poco con ella y con los cambios de vía, conseguí ponerme de tal manera que pude darle un tiro al rayo rojo, tal y como había dicho Ceci que hiciera. Cuando lo hice, una especie de ola de color amarillo recorrió el cielo… o supongo que la bóveda del pueblo, pero más allá de eso, no pareció tener ningún efecto negativo. Volví con Ceci, y este me dijo que el siguiente paso era llega al corazón del Árbol, justo debajo del mismo.

El problema era que no sabía cómo llegar al árbol en sí. Sí, había visto una puerta, pero no había forma de abrirla. Me fui a investigar, por si veía algo nuevo, y pasando cerca de la casa de Caroline me encontré con un camino que no había seguido antes. Casi al final había una puerta que pude abrir, pero daba a una cueva que estaba tapada con, ¿lo adivináis? ¡Más piedras raras de esas! Pero recordando algunos de los documentos que había en el edificio con el rayo rojo, pensé que tal vez con el rayo azul pudiera hacer algo con esas piedras… así que me hice todo el camino hasta allí con la vagoneta y usé el rayo contra ellas. Despejé un tunel que me llevó… a la parte de atrás de la gasolinera. A la especie de vertedero que había.

Encontré unas vías y las seguí. llevaban a la separación entre el pueblo y el planeta alienígena, pero entonces me di cuenta de que, al acercarme, dejaba de ver el planeta y veía otra parte de Hunrath. Cuando me acerqué, hubo un fogonazo de luz y cuando miré, estaba en otro lado, en una colina que daba a la casa de la valla blanca. Como no parecía un cambio demasiado brusco, volví de momento, y seguí investigando el vertedero. Encontré una especie de ascensor que bajaba a la otra parte. Allí encontré un cuadro eléctrico, en donde una de las palancas estaba en modo apagado. La activé (porque estaba claro que si no iba activando las cosas que dependían de la energía, mal iba) y llegué a la gasolinera. Allí encontré una máquina rarísima que era, al parecer, para aprender a manejarse con el sistema matemático de los villein, ¿o era de los arai?, en cualquier caso, el aparato me recordó al código que había visto en la casa de Caroline, así que lo introduje y me dio un número. Intenté recordarlo porque parecía que esta gente era aficionada a dejar códigos por ahí tirados y a saber si me venía bien o no. Como había electricidad, pude abrir la puerta de la gasolinera y salir de allí.

Ahora que sabía que podía “teleportarme” de un lado a otro a través de las paredes de la bóveda, decidí hacer la prueba con una que había cerca de la entrada trasera de la casa de Caroline. Esta me dejó encima de la cascada, cerca de la parte alta de la compuerta. Como estaba abierta, no pude cruzar, pero decidí que bajaría la escalinata al otro lado más tarde. En cambio, me metí por una especie de pozo de mina que había por allí y me encontré con otro portal. Este me dejó en una especie de pasillo. en lo alto del muro de piedra que dividía en dos la bóveda.

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Una buena vista, ¿verdad?

Seguí el camino, y me desvié cuando vi un aparato extraño. Lo usé sin pensarlo (yo también que lista) y me transportó a un área completamente desconocida. Cagándome en mis muertos, me giré y usé el aparato igual al que había encontrado y que estaba allí, y volví al puente. Supongo que eso son las semillas de embajador de las que hablaban. En cualquier caso, me alejé de allí con viento fresco y seguí el pasillo. Y al final encontré una puerta que necesitaba un código nuevo. Probé el numerito que tenía de la maquina aquella y la puerta se abrió. Dentro estaba el despacho del alcalde. Había un montón de documentos, y las placas con los nombres de los alcaldes (Caroline estaba en la lista, justo antes que el actual, puedo entender que ella estuviera mosca con él porque había salido por patas el primero de todos). Pero lo más importante fue el diario de Josef. En él se detallaban las reuniones que habían tenido para intentar protegerse del ataque. Al parecer, los atacantes eran los mofang, y aunque la escalada de hostilidades parecía haber sido súbita, alguien, Chavar, les había avisado. Durante el diario se insistía mucho en que Chavar no daba signos de vida, y lo problemático que eso era.

Seguí buscando, y encontré una brújula en la que alguien había pegado un post-it, en el que estaba escrito un estado de los Estados Unidos. Me resultó extraño, pero me lo apunté porque seguro que era importante. Mirando alrededor encontré además dos puertas, las cuales abrí, y un ascensor que no funcionaba. La primera puerta daba al pasillo donde estaba la puerta del Árbol, y la otra daba al otro lado del muro.

Sin saber mucho más que hacer, le di una nueva vuelta a la oficina del alcalde, por si encontraba algo más, y vi que tenía sobre la mesa una matrícula de Iowa. No era el estado que tenía apuntado, pero me hizo pensar que tal vez tendría algo de relación. Había visto más matrículas como esta en la gasolinera, así que fui para allá directa y encontré una del estado que yo tenía apuntado. Me apunté el número de la matrícula, por supuesto, porque sospechaba que estaba relacionado con un código del que hablaba Josef en el diario. Ya que estaba abajo, decidí que era un momento ideal para cerrar la compuerta y bajar la escalerilla, así que lo hice en ese momento (fue dar un par de vueltas, pero describirlo sería una pesadez, así que se lo ahorraré a cualquiera que lea esto)

Pero entonces me di cuenta que el muro continuaba una vez cruzada la pasarela. Y cuando llegué, encontré un ascensor que obviamente no funcionaba. Junto a él había una especie de máquina rara, pero lo único que reconocí de ella era el marcador redondo de los teléfonos viejos. ¿Tal vez había que meter un código con eso? Decidí ir a mirar la cabina telefónica que había delante de la gasolinera, porque tenía pinta de ser vieja y tal vez me diera una pista con el tema. Ahí descubrí que las letras se correspondían con números, apunté el nuevo código y salí disparada hacia el ascensor. Como os podéis imaginar, al incluir el código correcto, el ascensor comenzó a funcionar. Me subí en él, bajé, y me encontré en la oficina del alcalde. Bajé un piso más y me encontré en la habitación de Josef.

Había unos pocos papeles, y un tocadiscos viejo que parecía funcionar. Cuando me giré vi una especie de pasadizo y lo recorrí para encontrarme con un mecanismo. Lo accioné (sí, bueno, a veces soy algo suicida) y vi bajar algo que reconocí como la puerta que cerraba el acceso al Árbol. Os podéis imaginar lo que tardé en subir en el ascensor y entrar al recinto. Dando la vuelta alrededor del Árbol, encontré una cavidad, aunque sería más justo llamarlo cueva. Descendí más y más hasta que encontré una especie de sala de piedra. Las raíces principales del árbol caían sobre un estanque, aunque no llegaban a tocar el agua. Me acerqué y vi una válvula cerrada, y pensé que tal vez no había suficiente agua. La abrí, y el estanque se llenó casi de inmediato.

El cambio fue radical. Las raices comenzaron a brillar, toda la sala se llenó de luz, y se abrieron tres puertas. Al otro lado, había un corto pasillo que parecía cruzar el vacío del espacio, y daba a otra puerta… pero esta estaba cerrada.

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La sala parece otra, os lo prometo.

Volví sobre mis pasos, pero no fui a hablar con Ceci directamente. Decidí que primero me encargaría del resto de rocas tocanarices. El primer grupo que destruí solo cerraban un paso, pero el segundo se metía dentro de la tierra y me llevó a una especie de bar en el que había una avioneta estrellada.

Y aquí es donde estoy ahora. Estoy cansada, y este parece un sitio tan bueno como cualquier otro para detenerse. Más tarde iré a ver a Ceci para decirle que el Árbol ya está mejor. Vamos a ver si se decide entonces a dar la cara.

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